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lunes, 2 de marzo de 2009

Zoológico Personal XVI

La cigale et la fourmi

La Cigale, ayant chanté
Tout l’été,
Se trouva fort dépourvue
Quand la bise fut venue:
Pas un seul petit morceau
De mouche ou de vermisseau.
Elle alla crier famine
Chez la fourmi sa voisine,
La priant de lui prêter
Quelque grain pour subsister
Jusqu’à la saison nouvelle.
“Je vous paierai, lui dit-elle,
Avant l’oût, foi d’animal,
Intérêt et principal”.
La Fourmi n’est pas prêteuse:
C’est là son moindre défaut.
“Que faisiez-vous au temps chaud?”
Dit- elle à cette emprunteuse.
- Nuit et jour à tout venant
Je chantais, ne vous déplaise.
-Vous chantiez? J’en suis fort aise:
- Eh bien! Dansez maintenant.”

Jean de la Fontaine

sábado, 12 de julio de 2008

Zoológico Personal XV

Cuando se muere el quirquincho
a mejor vida se va.
Siendo caja de un charango,
se pasa oyendo cantar.


copla de
Julio César Luzzatto

martes, 1 de julio de 2008

viernes, 6 de junio de 2008

Zoológico Personal XIII


Soy el dorado, señores,
tigre y sol en la corriente,

en el agua, llamarada,

en el aire, luz valiente.


Teuco Castilla
poema inédito

viernes, 25 de abril de 2008

Zoológico personal XI


de Luco

EL VENDEDOR DE PÁJAROS

El anciano dijo:
"Qué lástima que todos mis hijos y mis nietos se hayan muerto.
Esta noche regresarán los diez pájaros que vendí hoy en la feria. Los mismos que vendí ayer. Los mismos que vendo desde hace muchos años.
Regresarán como siempre a la jaula. El último que llega es el que cierra la puerta. Después la abren. Salen uno detrás del otro para dormir sobre mi pecho, en mis zobacos, entre mis piernas y despertarme al amanecer cantando y picotear en la barba unas migas de pan, unos granos de arroz, algún fideo, lo que cae del tenedor o la cuchara en la cena y beber unas gotas de vino, ese trago que no alcanza la lengua y se queda en los labios para ellos.
Qué lástima que todos mis hijos y mis nietos se hayan muerto. Qué lástima. Podían seguir viviendo de este oficio de vender pájaros.
Los cacé sin redes, sin tramperas, sin herirlos. Los cacé en la selva extendiendo los brazos como un mendigo. Y vinieron a posarse en mis manos. Diez dedos, diez pájaros. Eran pichones. No sabían cantar. Los puse en el suelo, en fila. Destapé una botella de vino, la bebí y cuando estaba vacía, mojé con la lengua el corcho y froté la botella. Con esa música les enseñé a cantar. "Así se canta"-les dije-. Y cantaron. Después les enseñé a volar y a volver a la jaula, y aprendieron. Después los llevé a la feria y los vendí. Volvieron a la jaula esa noche. Siempre volvieron a la jaula.
Que lástima que todos mis hijos y mis nietos se hayan muerto."

JAVIER VILLAFAÑE

miércoles, 23 de abril de 2008

Zoológico personal X

El pájaro

Tu flauta se hace ala

en el espacio de tu garganta

y apenas si distingo

el sonido del plumaje

con que tus dedos colorean

un vuelo hacia otro cielo.

Verónica Cánepa

( Variación

tu flauta sabe de alas que me llevan más allá del sonido

cuando vuelo como arena rabiosa que se aleja de este cielo húmedo

a una intemperie de lamentos con rostros de nadie


tu flauta sabe que esta noche me busco tímida en la memoria de su único canto


desde tu garganta la flauta que se hace alas para seguirme

colorea mi último allegro evaporado de tus dedos)

Luco a Elisa 14/02/05

jueves, 10 de abril de 2008

Zoológico personal IX

Poema atroz

Este era un gatito
al que tomábamos
por la cola
y revoleábamos
contra el paredón.

Manuel Alemian

martes, 26 de febrero de 2008

Zoológico personal VIII

MUERTE

¡Qué esfuerzo!
¡Qué esfuerzo del caballo
por ser perro!
¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!
¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!
¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!
Y el caballo,
¡qué flecha aguda exprime de la rosa!,
¡qué rosa gris levanta de su belfo!
Y la rosa,
¡qué rebaño de luces y alaridos
ata en el vivo azúcar de su tronco!
Y el azúcar,
¡qué puñalitos sueña en su vigilia!
Y los puñales diminutos,
¡qué luna sin establos, qué desnudos,
piel eterna y rubor, andan buscando!
Y yo, por los aleros,
¡qué serafín de llamas busco y soy!
Pero el arco de yeso,
¡qué grande, qué invisible, qué diminuto!
sin esfuerzo.

Federico García Lorca

viernes, 28 de diciembre de 2007

Zoológico personal VII

Arte Poética II

Digo
pez
sólo
para humedecer el lenguaje.

Para darle brillo.

Ernesto Aguirre

sábado, 22 de diciembre de 2007

Zoológico personal VI

EL GOZANTE
Puerto de la Boca.

Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy
leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de
agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo
de la tierra.
De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso.

Manuel J. Castilla

lunes, 17 de diciembre de 2007

Zoológico Personal V

A GÜEMES

Güemes en la plaza de Angastaco.

Ante su monumento

Sobre tu pedestal de roca viva
oteas cauteloso el horizonte,
cóndor que acecha desde su alto monte
del enemigo una señal furtiva.

Vendrá esta vez del Norte el godo artero,
cual tantas otras, pero no de día;
vendrá en la noche lloviznosa y fría
en que un Judas te vende por dinero.

-¡Padre salteño! por la espada herido,
huyendo, desangrándote en la oscura
senda del Chamical no quiero verte;

sino aquí, ya de vuelta del olvido,
viva, plasmada en bronce tu figura
con que tu gloria triunfa de la muerte.

Juan Carlos Dávalos (junio de 1940)

martes, 20 de noviembre de 2007

Zoológico Personal IV


La apología del matambre


Un extranjero que ignorando absolutamente el castellano oyese por primera vez pronunciar, con el énfasis que inspira el hambre, a un gaucho que va ayuno y de camino, la palabra
matambre, diría para sí muy satisfecho de haber acertado: este será el nombre de alguna persona ilustre, o cuando menos el de algún rico hacendado. Otro que presumiese saberlo, pero no atinase con la exacta significación que unidos tienen los vocablos mata y hambre, al oírlos salir rotundos de un gaznate hambriento, creería sin duda que tan sonoro y expresivo nombre era de algún ladrón o asesino famoso. Pero nosotros acostumbrados desde niños a verlo andar de boca en boca, a chuparlo cuando de teta, a saborearlo cuando más grandes, a desmenuzarlo y tragarlo cuando adultos, sabemos quién es, cuáles son sus nutritivas virtudes y el brillante papel que en nuestras mesas representa. (...)

Esteban Echeverría

viernes, 21 de septiembre de 2007

Zoológico Personal III

Orden de caza al animal desmedido
Al amor, ese cáncer, destrúyanlo
antes que haga metástasis
y colonice la mente y las entrañas
antes que el ojo llegue
y vuelva su retina un campo ciego
que sólo mirar puede el cuerpo amado
antes que del oído promiscuo caracol
nazca el puro unicornio
que oye sólo la voz enamorada
Búsquenlo en su cubículo de animal desmedido
extirpen sus células solares
pidan auxilio al derecho romano a los gendarmes
y si a pesar de todo
insistiera en crecer
en desbordar océanos
enciérrenlo en asilo con camisa de fuerza
corten su lengua quémenle su fuego
pidan ayuda a dios el gran ausente
para matar del todo al que no muere
al que morir no puede.
Teresa Leonardi

martes, 11 de septiembre de 2007

Zoológico personal II

Mariposa muerta en el parabrisa
A la tarde y con los brazos sepultados
en el sol de vidrio
en la cruz de los reflejos continuos
con el rostro roto como jadeos de agua
rediviva escalera hacia lo que se duele.
Y ella preguntando si había causas
si la luz es otro vacío para volar
si esas caras son apenas un telón
que abrigarán palabras para decir de rodillas
para comulgar al sol con las alas vejadas
con vidas que se repiten
con el cuerpo yacente y sin embargo eufórico
con deseos de subir entre dientes.
Pero ella está inmóvil
ella no es capaz de inmutarse
el viento mueve su muerte entre las alas.

Osvaldo Svanascini

Zoológico personal

El puesto del gato en el cosmos
Uno siempre se equivoca cuando habla del gato.
Se le ocurre por ejemplo que junto a la ventana
el gato se ha planteado en el fondo de los ojos
un posible fracaso en la noche cercana.
Pero el gato no tiene un porvenir que lo limite.
A uno se le ocurre que medita, espera o mira algo
y el gato ni siquiera siente al gato que hay en él.
¿Cómo admitir detrás del movimiento de la cola,
una motivación, un juicio o un conocimiento?
El gato es un acto gratuito del gato.
El que aventure una definición debería
proponer sucesivas negociaciones al engaño del gato.
Porque el gato, por lo menos el gato de la casa,
particular, privado e individuo hasta las uñas,
comprometido como está
al vicio de nuestro pensamiento,

ni siquiera es un gato, estrictamente hablando.

Joaquín O. Giannuzzi